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El sector químico, una oportunidad de futuro

Se estima que el negocio químico mundial crecerá a un ritmo del 4,5% anual hasta 2030

Fecha publicación
Miércoles, 06 de febrero de 2019

El sector químico, es hoy una gran oportunidad. Las estimaciones a largo plazo señalan que en el periodo 2015-2030, el negocio químico mundial crecerá al ritmo del 4,5% anual. Esto supone que, en 2030, se habrá duplicado el tamaño de la industria química a nivel global, pasando de los 4,5 billones de euros actuales -de los que un billón corresponde a farma- a casi 9 billones. Ningún otro sector tiene una expectativa similar.

Evidentemente, este crecimiento constituye una oportunidad para España, donde hoy disponemos de una industria química sólida, moderna y avanzada, como demuestra el hecho de haber experimentado un crecimiento productivo de 20 puntos desde 2008 a pesar de la intensa crisis internacional que se extendió con virulencia hasta 2014.

No aspiramos, evidentemente, a tener incrementos productivos similares a los de China o la India. La potencia de sus mercados es incuestionable y serán sin duda los primeros destinos de inversión.

Hay que tener en cuenta que en España, el consumo medio de productos químicos por habitante es de 1.500 € anuales (similar al de los países avanzados), de los cuales el 40% se destina a productos químicos que compramos directamente (como medicamentos, jabones, detergentes, o cosméticos), adquiriéndose el 60% restante en productos químicos que están integrados a su vez en otros productos como puede ser el caso del automóvil, en el cual se incorporan polímeros de todo tipo, caucho, aislantes acústicos y térmicos, fibras sintéticas, gases industriales como los que inflan el airbag o la pintura que los protege de la corrosión.

Por el contrario, y actualmente, el consumo medio por habitante de productos químicos en China es un 40% menor que en España, y de ahí precisamente su mayor potencial de crecimiento.

El sector químico español sigue operando en un mercado de alto valor añadido como es la Unión Europea, área en la que desde 2014 somos el país con mayor crecimiento productivo. Este mercado supone hoy, incluyendo España, el 75% de los 63.000 millones € que constituyen nuestra cifra de negocios.

Pero lo más importante es nuestra progresión en los mercados exteriores, en los que hoy facturamos 15.000 millones de euros y donde hemos multiplicado por 5 nuestra actividad desde 2000. Y nuestro objetivo es seguir creciendo.

Las áreas estratégicas de crecimiento del sector químico, más allá de las tradicionales y fundamentales como la construcción, la automoción, la alimentación o la sanidad, serán aquellas relacionadas con los vectores condicionantes, a escala global, de las actividades productivas: la lucha contra el cambio climático y la economía circular, ejes del futuro sostenible de nuestro planeta.

En el primer caso, el gran objetivo es neutralizar las emisiones de CO2 asociadas a la producción y consumo de energía. En este ámbito la innovación química trabajará en dos líneas fundamentales. Por un lado, en el desarrollo de tecnologías de generación renovable, especialmente en el ámbito fotovoltaico. Las actuales células basadas en silicio cristalino, apenas aprovechan el 22% de la energía potencial. A lo largo de los últimos años las perovskitas superaron este umbral, y es obvio que hay un camino de largo recorrido para mejorar su eficiencia. También avanzaremos en la tecnología del hidrógeno, el elemento más abundante del universo y que sólo produce vapor de agua como subproducto, y en el que precisamos avanzar en los sistemas de producción.

Y, en segundo lugar, el almacenamiento. Las baterías de ion litio han experimentado una progresión notable, pero es obvio que tienen un rendimiento finito en su capacidad de carga. Hoy se trabaja ya en las baterías de estado sólido, en las que el litio se sustituye por el sodio -mucho más barato y abundante- y que pueden cargarse 10 veces más rápido que las convencionales y toleran más ciclos de carga. También las baterías de flujo, donde ya se comercializan las de vanadio (por cierto, uno de los tres elementos químicos, junto al platino y el wolframio, descubierto por españoles), y hay expectativas revolucionarias respecto a las moléculas orgánicas de alto rendimiento, que pueden constituirse como almacenes inagotables, o el grafeno, que puede sustentar una densidad de energía mil veces superior que los condensadores actuales de mayor capacidad.

Junto a la revolución energética, los objetivos de economía circular precisarán del desarrollo de la química para la captura eficiente de CO2 y su posterior utilización como materia prima. También se producirá un amplio desarrollo de la biotecnología industrial, y avances fundamentales en las tecnologías de reciclado químico, con un futuro evidente ante el reciclado mecánico, de progresión mucho más limitada. Esto permitirá desarrollar nuevos materiales y nuevas aplicaciones, a la vez que contribuirá a la eficiencia de recursos, tan importante en la transición hacia este nuevo modelo productivo.

Y por último, no podemos olvidar las expectativas abiertas con la fabricación aditiva y la impresión 3D, donde la química, además de aprovechar su tecnología, deberá desarrollar los materiales que permitan generalizar su aplicación.

Esta breve exposición de líneas de investigación evidencia el primer factor de competitividad de la industria: la innovación. Es obviamente un factor que se define por la estrategia directa de la empresa, pero también en el que las Administraciones pueden ejercer tres roles fundamentales: apoyar la inversión con incentivos, especialmente a la pequeña y mediana empresa -que no siempre disponen de la masa crítica y estructura financiera suficiente para ser eficaces-, crear un ecosistema favorable a la interrelación y transferencia permanente entre los centros de investigación, la universidad y las empresas, e impulsar un sistema educativo que incentive el valor y el desarrollo de la ciencia.

Respecto a la internacionalización, España está realizando una intensa actividad tanto en la preparación del Brexit como en la defensa de los intereses de nuestro país ante la amenaza global que supone la lucha comercial entre Estados Unidos y China, así como en la resolución, casi producto a producto, de diversos conflictos aduaneros con los que nuestras empresas se enfrentan cada día en su actividad exportadora.

Si bien la innovación -incluyendo todas las áreas de la digitalización- y la internacionalización son factores que son definidos por la estrategia de la empresa, existen factores de competitividad de coste exógenos, no adscritos a las decisiones empresariales y que son los que en mayor medida determinan las decisiones de inversión.

El primero de ellos, y posiblemente en el que nos enfrentamos al mayor déficit de competitividad, son los precios de la energía. No es probablemente nuestro sector, globalmente, el más afectado, pero el Gobierno y todos los partidos políticos deben ser conscientes de que nuestro país no puede permitirse perder la producción de materias primas esenciales para cualquier país que aspire a incrementar su capacidad industrial.

En este punto, el Real Decreto Ley 20/2018 aprobado en Consejo de Ministros y hoy tramitándose como Proyecto de Ley, introdujo tres medidas que consideramos esenciales y que por vez primera nos permiten ser optimistas en este campo. En primer lugar, la autorización de las redes cerradas de distribución, vigentes en Alemania, Francia, Países Bajos o Bélgica desde 2012, y sobre las que finalmente se va a legislar en España. Por supuesto en nuestro sector, pero también en la industria globalmente, las redes cerradas van a suponer un factor acelerador de inversiones productivas.

En segundo lugar, el desarrollo de un estatuto de empresas electro-intensivas, en el que también participaremos, y en el que defenderemos una política inclusiva para los diferentes sectores, lo que permitirá multiplicar los efectos positivos sobre la inversión en un mayor espectro del tejido industrial.

Y, por último, la extensión de la vida útil regulada de la cogeneración, que entendemos de carácter transitorio, pero necesaria, y como paso previo a su regulación a largo plazo.

En todo caso, tanto por lo que respecta a la energía como al gas, la Agenda sectorial que se presentó el pasado 21 enero propone 15 líneas de actuación en relación a la energía que, en su conjunto, permitirían mejorar ampliamente la capacidad competitiva, no sólo de la química o el refino, sino de la industria en su conjunto.

Respecto a la logística y el transporte, prioritariamente, necesitamos acelerar la puesta en marcha completa del corredor mediterráneo, continuar la promoción de infraestructuras intermodales en ferrocarril y puertos, y determinar un proceso para adoptar progresivamente la masa máxima autorizada de 44 toneladas en los vehículos pesados. Los beneficios se producirán no sólo en términos de mejora de la velocidad de acceso a los mercados, sino también desde el punto de vista de ahorro de emisiones.

Finalmente, llamar la atención sobre la necesidad de diseñar adecuadamente el marco normativo y fiscal que afecta a las empresas industriales radicadas en nuestro país, de modo que la legislación sea eficaz y no genere impactos económicos indeseables. Las normas deben ser claras, equilibradas y homogéneas ? no sólo en nuestro propio país- sino también a nivel comunitario.

A corto plazo tenemos que afrontar un nuevo marco legislativo en relación al cambio climático y la economía circular, y en ambos casos, es necesario que se proyecte un proceso de transición no disruptivo que permita adaptarse a las empresas sin perder su capacidad competitiva. Y exactamente lo mismo debemos hacer en el ámbito fiscal. Es preciso que no lastremos la economía productiva con más cargas, esencialmente en relación a la contratación.

Aunque se han destacado estas medidas, por su actualidad y relevancia, la Agenda Sectorial contiene múltiples propuestas en diferentes ámbitos en cuyo desarrollo no se van a escatimar esfuerzos. Este documento es para el sector el compromiso para generar una mayor contribución económica y social.

En primer lugar, refrendamos nuestro compromiso con el empleo de calidad. Nuestro compromiso con mantener permanentemente más de un 90% de contratos indefinidos en el sector, con la defensa de la igualdad y de las políticas de no discriminación (no en vano somos el primer sector que ha establecido -mediante convenio colectivo- la transparencia de los salarios de hombres y mujeres en cada categoría profesional), nuestro compromiso en seguir liderando la inversión en formación del talento en nuestro país, y en continuar proporcionando un salario medio (actualmente 38.300 euros anuales) muy superior a la media nacional o industrial. Unos salarios que, a su vez, permiten a las Administraciones públicas ingresar del orden de 20.000 euros (contabilizando IRPF y Cotizaciones Sociales) por empleado, que son fundamentales para mantener los sistemas de previsión social y los servicios del Estado a sus ciudadanos.

En segundo lugar, continuaremos incrementando la riqueza que aportamos a este país. Somos el segundo sector por contribución directa al Producto Industrial Bruto, y nuestro objetivo es seguir multiplicando el rendimiento de nuestras compañías para que el conjunto de la nación tenga un mayor desarrollo económico.

Y, por último, nuestro compromiso fundamental, nuestro compromiso de mejorar cada día la calidad de vida de los ciudadanos. Decía el premio Nobel de Química Jean Marie Lehn que, sin la química, nuestra esperanza de vida no superaría los 40 años. Porque ésta era la esperanza media de vida en Europa al inicio del siglo XX, justo cuando empezó a desarrollarse la química a escala industrial.

Y efectivamente en el siglo pasado se desarrollaron los medicamentos, vacunas y antibióticos, las redes de agua potable, los productos para proteger nuestra higiene, multiplicar el rendimiento de los cultivos o mantener y conservar las propiedades nutritivas de los alimentos. Pero también los que permitieron el desarrollo del transporte, la construcción o, más adelante, de la fibra óptica y las telecomunicaciones, de los microprocesadores, de lo materiales avanzados o de las energías renovables. Porque todo desarrollo tecnológico, toda nueva aplicación integra, en algún punto de su proceso de producción, la utilización de productos químicos.

Y hoy vivimos una media de 80 años, algo asombroso si consideramos que se ha logrado en apenas un siglo. No sabemos cuándo alcanzaremos los cien años de vida, pero lo que sí sabemos, es que esta ciencia, la química, y su industria, trabajarán de forma incansable para lograrlo.

Fuente: FEIQUE